- Sab Sep 25, 2010 10:00 pm
#198567
AQUELLA MUCHACHA
¿Si la recuerdo?. ¿Cómo no recordarla…? Siempre me pides que te hable de ella y, es cierto, nunca lo hago, porque sólo así sigue siendo mía , únicamente para mí…
Recuerdo la primera vez que la ví en aquel café de la playa. Se deslizaba entre las mesas , etérea, mágica, con aquella camisola de gasa verdemar. Nunca han sido las piernas lo primero que me ha llamado la atención de una mujer, pero era imposible no fijarse en las piernas esbeltas, morenas y delicadamente bien torneadas de aquella muchacha, que iba y venía, con aquella gracia, etérea, deslizándose entre las mesas…
-“¿Café…?”-
Yo nunca tomo café por la tarde, pero enredado en su piernas, perdido en la silueta que sus caderas dibujaban bajo aquella camisola de gasa, no sé qué debí decir, o qué debió de entender ella, que terminé por tomar un café aquella tarde y todas las otras tardes que pasé en esa playa aquel mes de Agosto…Empecé casi sin darme cuenta, a frecuentar casi a diario aquel café a la orilla del mar. Aquella muchacha iba y venía, siempre con una suave camisola cubriéndole el cuerpo. Hechizaba mirarla. Entre luces y sombras podías descubrir los secretos que aquellas camisolas guardaban de su cuerpo. A veces de perfil, la luz de la penumbra se filtraba dibujando para mí unos pechos desnudos, de pezones endurecidos por la brisa de la tarde, pechos que apuntaban al cielo inocentemente…
-“Aquí tiene su café”- Me decían en un susurro aquellos labios carnosos. Bajo mis oscuras gafas de sol podía mirarla bien, podía sentir sus pechos acariciados por la suave gasa de su camisola, su vientre, su sexo entreabierto entre aquellas piernas morenas, esbeltas bien torneadas. Su cabello castaño, delicadamente recogido, dejaba caer algunos mechones rizados sobre el cuello, largo y fino…
Aquella tarde no tomé café, fui a la playa. Dos días si verla me tenían aturdido. Yo, aturdido por una muchacha, tiene gracia, por una vez no lo hacían los problemas financieros… De repente una voz suave me decía -“ …Está bonito el mar ¿verdad?...”- Era ella, sin darme cuenta me había sentado muy cerca, sin darme cuenta, lo juro. Así iniciamos una agradable charla. No sé si pasó mucho o poco tiempo porque inmerso en sus labios y en la profundidad de sus piernas, perdí la noción del mismo. Hasta que nos metimos en el agua. Ella daba pequeños saltitos sobre las olas y sus pezones erectos me miraban insolentes bajo la fina tela de su bikini blanco. Sus pechos subían y bajaban al compás de las olas y su sexo se adivinaba entre sus muslos morenos, mojados. Yo la miraba dentro del agua, ella se adentraba mas y mas viniendo hacia mí. Y de repente al fin pude tenerla entre mis brazos. Sus piernas me abrazaron y besé sus labios carnosos ,y su cuello y mordí suave sus pezones erectos, salados, y luego…
…No, no te hablaré de ella, pero claro que me acuerdo de aquella muchacha…¿cómo no…?
¿Si la recuerdo?. ¿Cómo no recordarla…? Siempre me pides que te hable de ella y, es cierto, nunca lo hago, porque sólo así sigue siendo mía , únicamente para mí…
Recuerdo la primera vez que la ví en aquel café de la playa. Se deslizaba entre las mesas , etérea, mágica, con aquella camisola de gasa verdemar. Nunca han sido las piernas lo primero que me ha llamado la atención de una mujer, pero era imposible no fijarse en las piernas esbeltas, morenas y delicadamente bien torneadas de aquella muchacha, que iba y venía, con aquella gracia, etérea, deslizándose entre las mesas…
-“¿Café…?”-
Yo nunca tomo café por la tarde, pero enredado en su piernas, perdido en la silueta que sus caderas dibujaban bajo aquella camisola de gasa, no sé qué debí decir, o qué debió de entender ella, que terminé por tomar un café aquella tarde y todas las otras tardes que pasé en esa playa aquel mes de Agosto…Empecé casi sin darme cuenta, a frecuentar casi a diario aquel café a la orilla del mar. Aquella muchacha iba y venía, siempre con una suave camisola cubriéndole el cuerpo. Hechizaba mirarla. Entre luces y sombras podías descubrir los secretos que aquellas camisolas guardaban de su cuerpo. A veces de perfil, la luz de la penumbra se filtraba dibujando para mí unos pechos desnudos, de pezones endurecidos por la brisa de la tarde, pechos que apuntaban al cielo inocentemente…
-“Aquí tiene su café”- Me decían en un susurro aquellos labios carnosos. Bajo mis oscuras gafas de sol podía mirarla bien, podía sentir sus pechos acariciados por la suave gasa de su camisola, su vientre, su sexo entreabierto entre aquellas piernas morenas, esbeltas bien torneadas. Su cabello castaño, delicadamente recogido, dejaba caer algunos mechones rizados sobre el cuello, largo y fino…
Aquella tarde no tomé café, fui a la playa. Dos días si verla me tenían aturdido. Yo, aturdido por una muchacha, tiene gracia, por una vez no lo hacían los problemas financieros… De repente una voz suave me decía -“ …Está bonito el mar ¿verdad?...”- Era ella, sin darme cuenta me había sentado muy cerca, sin darme cuenta, lo juro. Así iniciamos una agradable charla. No sé si pasó mucho o poco tiempo porque inmerso en sus labios y en la profundidad de sus piernas, perdí la noción del mismo. Hasta que nos metimos en el agua. Ella daba pequeños saltitos sobre las olas y sus pezones erectos me miraban insolentes bajo la fina tela de su bikini blanco. Sus pechos subían y bajaban al compás de las olas y su sexo se adivinaba entre sus muslos morenos, mojados. Yo la miraba dentro del agua, ella se adentraba mas y mas viniendo hacia mí. Y de repente al fin pude tenerla entre mis brazos. Sus piernas me abrazaron y besé sus labios carnosos ,y su cuello y mordí suave sus pezones erectos, salados, y luego…
…No, no te hablaré de ella, pero claro que me acuerdo de aquella muchacha…¿cómo no…?
