- Vie Ene 23, 2009 1:50 pm
#115128
Os dejo otro capítulo más. Y el enlace de los dos primeros.
"El gafe" Capitulo 1
"El gafe" Capitulo 2
Capitulo 3
Los jugadores del equipo de baloncesto esperaban a su entrenador a la salida para ver como se trasladaban al partido. Generalmente se repartían en dos o tres coches, uno de ellos el del entrenador, y en los de un par de padres voluntarios. Lorenzo, al que su padre ya había dicho que debía acompañarle esperaba apoyado en el maletero del coche. Los demás hablaban mientras tanto de la posibilidad de ser campeones. A los poco minutos llegó Eugenio.
- ¿ Bueno?, ¿Qué padres vienen hoy?.
- ¡ El mío y el de Jaime!- dijo uno de los alumnos.
- ¿ Y donde están?.
- El de Jaime esta aparcado allí detrás, y el mío no ha llegado todavía.
- Bueno pues , haced tres grupos . Cuatro que se vayan con Luis y su padre, otros cuatro con el de Jaime; y conmigo tres.
Se dividieron como se estipuló, y uno de los grupos se marchó para uno de los coches. Apareció el padre que faltaba , y el segundo grupo se subió en su coche.
. Venga , vamos para adentro .Dijo Eugenio a los tres alumnos y a su hijo. Lorenzo fue el primero en subir. Los jugadores le siguieron en un respetuoso silencio, y durante el trayecto solo respondían con monosílabos a las órdenes que Eugenio iba adelantando. Ninguno decía nada de la inquietud que les causaba que Lorenzo viajara con ellos. Por un lado ,delante de su padre no se atrevían por vergüenza, y por otro estaban a acostumbrados a convivir con él. La mala suerte a que arrastraba no era algo inmediato a su presencia. Había días en los que nada sucedía achacable a él, e incluso muchos alumnos no creían en nada de lo que se decía pues nada habían sufrido.
Al llegar se extrañaron de que no hubiese llegado el padre de Jaime con el primer grupo, pues habían salido unos diez minutos antes que ellos, y el trayecto tampoco era muy largo. El otro equipo esperaba sentado en la grada a que terminase el partido anterior. Cuando terminó, se fueron todos hasta la pista, y se colocaron en sus respectivos banquillos. Quedaban quince minutos para el comienzo del partido, y solo había tres jugadores, por lo que malos augurios cruzaron la mente de todos. Lorenzo, que se había quedado en la grada pensó solamente ,“hoy toca montarla”, con total serenidad, pues como se ha dicho no sufría ningún tipo de tormento por su mala fama. Por la puerta del patio del colegio donde se disputaba el partido aparecieron corriendo cuatro jugadores del equipo, lo que alegró profundamente a los que ya estaban allí. Uno de ellos se acercó al entrenador con la voz entrecortada por la carrera.
-¡ Eugenio…., Eugenio!, decía mientras intentaba respirar. El padre de Jaime ha llamado al mío por el móvil…, y dice que están en un atasco.
-¿ En un atasco?, ¡joder!. Bueno ,¿y en ese coche vienen Jaime, Jose Luis, Manuel y Ricardo ,no?.
- Sí.
- ¡ Me cago en la puta!. El ochenta por ciento del equipo titular en un atasco. El entrenador se quedó callado, y reunió al equipo , donde todos los componentes ya sabían la noticia por el resto de chicos que venían en el coche, en el banquillo.
- ¡ Chicos!. Esto es lo que hay, y a esto nos tenemos que enfrentar. Los que no son titulares están para suplirlos, y hoy es el día en que esta máxima cobra todo su sentido. Vamos a jugar lo mejor que podamos, y si podemos ganar bien, y si no pues ….( iba a decir mala suerte) habremos perdido y no pasará nada. Puede que lleguen pronto y puedan jugar, pero no quiero pensar en eso. ¿ Y por qué?, porque sí solo pensamos en ellos, sería como decirnos a la cara que somos muy malos y que no podemos jugar por nosotros mismos, y quiero deciros que confío en vosotros plenamente.
Ninguna de las palabras de Eugenio fueron pronunciadas bajo algún tipo de falsedad. Realmente le daba lo mismo perder, y aunque pensaba en los doce mil euros de premio; era lo suficientemente buen educador como para no perder la cabeza por la codicia. Su pequeña charla le había hecho cobrar la ilusión de que se podía ganar el partido. Eso era lo que pensaba cuando miraba a los dos equipos ya ataviados en el campo para comenzar ; y una agradable sonrisa inundaba su rostro. Pero poco a poco, sin remedio alguno, comenzó a calibrar instrucciones para el equipo; y fue dándose cuenta de que en todos los partidos anteriores estas eran vertidas principalmente sobre dos jugadores, que en ese momento se encontraban atrapados en algún punto de la ciudad. Esos dos jugadores, que eran Jaime y Ricardo, lograban siempre más de la mitad de los puntos. El primero era el base y organizador del juego, y el que más posesión de balón ostentaba; y Ricardo además de ser bastante alto y fuerte; era una delicia técnica. De hecho ambos, dejarían este año el equipo escolar para formar parte de las categorías inferiores del club de la ciudad. La primera canasta fue del contrario, la segunda también, así como la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta, y la séptima; solo entonces lograron anotar sus primeros dos puntos. No cambió mucho la cosa en el resto de la primera parte, y llegaron al descanso perdiendo de veintiséis puntos. Todos estaban abatidos en el banquillo. Pero en ese momento aparecieron los cuatro jugadores que faltaban. Lo que tampoco animó mucho a sus compañeros que los recibieron con la triste noticia del resultado, pero sí a Eugenio que creía en el milagro. Alineo al equipo titular, que hicieron una segunda parte espectacular, tanto que no merecieron que el destino fuese tan cruel con ellos dejándolos solo a un punto del empate. Al finalizar el partido todos lloraban desconsolados. El entrenador y el par de padres les llenaban los oídos de frases típicas, pero su desolación era francamente atroz.
Por la noche, ya en casa, Lorenzo se encontraba viendo la tele cuando entró su padre en el salón .Se sentó a su lado.
- ¿ Como estás?. Le preguntó.
- Bien, aquí viendo una película. Hoy tendrías que haberme mandado a casa en un taxi.
Eugenio abrazó a su hijo.
- Hoy tenías que venir conmigo y conmigo fuiste. Le dio un beso y le acompañó hasta que terminó la película.
"El gafe" Capitulo 1
"El gafe" Capitulo 2
Capitulo 3
Los jugadores del equipo de baloncesto esperaban a su entrenador a la salida para ver como se trasladaban al partido. Generalmente se repartían en dos o tres coches, uno de ellos el del entrenador, y en los de un par de padres voluntarios. Lorenzo, al que su padre ya había dicho que debía acompañarle esperaba apoyado en el maletero del coche. Los demás hablaban mientras tanto de la posibilidad de ser campeones. A los poco minutos llegó Eugenio.
- ¿ Bueno?, ¿Qué padres vienen hoy?.
- ¡ El mío y el de Jaime!- dijo uno de los alumnos.
- ¿ Y donde están?.
- El de Jaime esta aparcado allí detrás, y el mío no ha llegado todavía.
- Bueno pues , haced tres grupos . Cuatro que se vayan con Luis y su padre, otros cuatro con el de Jaime; y conmigo tres.
Se dividieron como se estipuló, y uno de los grupos se marchó para uno de los coches. Apareció el padre que faltaba , y el segundo grupo se subió en su coche.
. Venga , vamos para adentro .Dijo Eugenio a los tres alumnos y a su hijo. Lorenzo fue el primero en subir. Los jugadores le siguieron en un respetuoso silencio, y durante el trayecto solo respondían con monosílabos a las órdenes que Eugenio iba adelantando. Ninguno decía nada de la inquietud que les causaba que Lorenzo viajara con ellos. Por un lado ,delante de su padre no se atrevían por vergüenza, y por otro estaban a acostumbrados a convivir con él. La mala suerte a que arrastraba no era algo inmediato a su presencia. Había días en los que nada sucedía achacable a él, e incluso muchos alumnos no creían en nada de lo que se decía pues nada habían sufrido.
Al llegar se extrañaron de que no hubiese llegado el padre de Jaime con el primer grupo, pues habían salido unos diez minutos antes que ellos, y el trayecto tampoco era muy largo. El otro equipo esperaba sentado en la grada a que terminase el partido anterior. Cuando terminó, se fueron todos hasta la pista, y se colocaron en sus respectivos banquillos. Quedaban quince minutos para el comienzo del partido, y solo había tres jugadores, por lo que malos augurios cruzaron la mente de todos. Lorenzo, que se había quedado en la grada pensó solamente ,“hoy toca montarla”, con total serenidad, pues como se ha dicho no sufría ningún tipo de tormento por su mala fama. Por la puerta del patio del colegio donde se disputaba el partido aparecieron corriendo cuatro jugadores del equipo, lo que alegró profundamente a los que ya estaban allí. Uno de ellos se acercó al entrenador con la voz entrecortada por la carrera.
-¡ Eugenio…., Eugenio!, decía mientras intentaba respirar. El padre de Jaime ha llamado al mío por el móvil…, y dice que están en un atasco.
-¿ En un atasco?, ¡joder!. Bueno ,¿y en ese coche vienen Jaime, Jose Luis, Manuel y Ricardo ,no?.
- Sí.
- ¡ Me cago en la puta!. El ochenta por ciento del equipo titular en un atasco. El entrenador se quedó callado, y reunió al equipo , donde todos los componentes ya sabían la noticia por el resto de chicos que venían en el coche, en el banquillo.
- ¡ Chicos!. Esto es lo que hay, y a esto nos tenemos que enfrentar. Los que no son titulares están para suplirlos, y hoy es el día en que esta máxima cobra todo su sentido. Vamos a jugar lo mejor que podamos, y si podemos ganar bien, y si no pues ….( iba a decir mala suerte) habremos perdido y no pasará nada. Puede que lleguen pronto y puedan jugar, pero no quiero pensar en eso. ¿ Y por qué?, porque sí solo pensamos en ellos, sería como decirnos a la cara que somos muy malos y que no podemos jugar por nosotros mismos, y quiero deciros que confío en vosotros plenamente.
Ninguna de las palabras de Eugenio fueron pronunciadas bajo algún tipo de falsedad. Realmente le daba lo mismo perder, y aunque pensaba en los doce mil euros de premio; era lo suficientemente buen educador como para no perder la cabeza por la codicia. Su pequeña charla le había hecho cobrar la ilusión de que se podía ganar el partido. Eso era lo que pensaba cuando miraba a los dos equipos ya ataviados en el campo para comenzar ; y una agradable sonrisa inundaba su rostro. Pero poco a poco, sin remedio alguno, comenzó a calibrar instrucciones para el equipo; y fue dándose cuenta de que en todos los partidos anteriores estas eran vertidas principalmente sobre dos jugadores, que en ese momento se encontraban atrapados en algún punto de la ciudad. Esos dos jugadores, que eran Jaime y Ricardo, lograban siempre más de la mitad de los puntos. El primero era el base y organizador del juego, y el que más posesión de balón ostentaba; y Ricardo además de ser bastante alto y fuerte; era una delicia técnica. De hecho ambos, dejarían este año el equipo escolar para formar parte de las categorías inferiores del club de la ciudad. La primera canasta fue del contrario, la segunda también, así como la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta, y la séptima; solo entonces lograron anotar sus primeros dos puntos. No cambió mucho la cosa en el resto de la primera parte, y llegaron al descanso perdiendo de veintiséis puntos. Todos estaban abatidos en el banquillo. Pero en ese momento aparecieron los cuatro jugadores que faltaban. Lo que tampoco animó mucho a sus compañeros que los recibieron con la triste noticia del resultado, pero sí a Eugenio que creía en el milagro. Alineo al equipo titular, que hicieron una segunda parte espectacular, tanto que no merecieron que el destino fuese tan cruel con ellos dejándolos solo a un punto del empate. Al finalizar el partido todos lloraban desconsolados. El entrenador y el par de padres les llenaban los oídos de frases típicas, pero su desolación era francamente atroz.
Por la noche, ya en casa, Lorenzo se encontraba viendo la tele cuando entró su padre en el salón .Se sentó a su lado.
- ¿ Como estás?. Le preguntó.
- Bien, aquí viendo una película. Hoy tendrías que haberme mandado a casa en un taxi.
Eugenio abrazó a su hijo.
- Hoy tenías que venir conmigo y conmigo fuiste. Le dio un beso y le acompañó hasta que terminó la película.
